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martes, 8 de mayo de 2018

El rebusque de los venezolanos en Barranquilla


Aprovechan que funcionarios de Espacio Pùblico almuerzan para ofrecer sus servicios de belleza.

La hora del rebusque de los estilistas venezolanos en el Paseo de Bolívar

Cejas, corte de cabello, extensiones son entre otros el trabajo que realizan de 2.000 a 10.000 pesos .

Yudi Ortiz venezolana, depilando las cejas de una mujer barranquillera.


Valentina Ramírez Nuñez taller de redacción, Barranquilla.


Una hora es suficiente para que Yudi Ortìz y Wilter Ogollo se ganen a diario la vida en el Paseo Bolivar, en pleno centro de Barranquilla.

Este par de venezolanos tienen claro lo que es aprovechar el tiempo. De una a dos de la tarde es la hora que tienen para ofrecer sus servicios de tintura y depilada de cejas, corte de cabello, extensión de pestañas, entre otros. De lo contrario se expone a ser retirado por los funcionarios de la oficina de Espacio Público de la Alcaldía de Barranquilla, que los persiguen por estar realizando actividades en zonas no permitidas.
“Nosotros trabajamos aquí de 1:00pm a 2:00pm, esa es la hora en la que los de espacio público almuerzan y no pueden retirarnos de acá, así que ese es el espacio tenemos que obtener buenas ganancias” contó Yudi, quien carga una banca en la que sienta a sus clientes, la cera y  un bolso con sus implementos de belleza.
2.000 pesos ese es el precio del servicio de cejas y 10.000 las extensiones de pestaña, este tipo de servicios usualmente es visto en establecimientos, donde se realiza con calma, con comodidad, pero actualmente la situación de los venezolanos y el conseguir trabajo para ellos se ha convertido en una tarea nada fácil, es por esta razón que deciden ser recursivos a la hora de conseguir su sustento económico.

Por otro lado Wilter Orgollo, padre de dos menores que decidió dejar a cargo de su madre en Caracas Venezuela, por la crisis que enfrenta su país, en donde se dedicaba a ser comerciante, aquí en Colombia no encontró otra opción que ofrecer servicio de corte de cabello, “lo hacemos en esta plaza porque no tenemos un espacio adecuado para hacerlo; que nos contraten es difícil, debido a la gran cantidad de venezolanos que hay, escogimos esta plaza porque tiene buen acceso y es el mejor lugar para que la gente observe nuestro trabajo y nos ayude” explico Wilter .

Es difícil hacer un trabajo de belleza en menos de 15 minutos, ese es el tiempo que decidimos para poder atender en esa hora que tenemos, para lograr atender a por lo menos 4 personas y hacer lo del diario” agregó Wilter.

En este corre y corre  atienden con amabilidad pero sin olvidar que el tiempo corre en contra de ellos y es algo mágico porque a las 2:00pm no se les vuelve a ver por la plaza.
En gestión de riesgos, ventanilla ubicada en la nueva alcaldía, explicaron que espacio público no está autorizado a brindar ningún tipo de autorización para trabajadores en este tipo de espacio, que esta práctica es totalmente ilegal y que están buscando medidas de controlarla aun en las horas de almuerzo, además enfatizaron que  el censo se está realizando ya, que aproximadamente atienden 150 personas diarias y  que demás tiene vigencia de 2 meses  con el único fin de conocer la cantidad de venezolanos ilegales que hay presentes en Colombia para poder tener un control sobre esta situación y sobre este tipo de prácticas ilegales.

miércoles, 25 de abril de 2018

Viacrucis Venezolano

Familias de migrantes afectadas por la crisis.

Viacrucis Venezolano

La difícil decisión que enfrentan a diario los migrantes venezolanos en búsqueda de una solución.

Foto tomada del informador.com
Valentina Ramírez Nuñez.
Taller de redacción.
Barranquilla. Los migrantes venezolanos radicados en Colombia que llegan a la Costa Caribe viven su propio “via crusis” al huir de la difícil situación en la que se encuentra su país, dejando al lado sus familias, sueños y vidas ya planeadas, para buscar una solución o un mejor futuro, pero esta búsqueda resulta una tarea complicada y llena de dificultades.

Pero la difícil situación la enfrentan en el paso de la frontera si lo hacen legalmente donde las filas de migración son largas, donde exigen documentación necesaria para el paso y donde muchos venezolanos temen a ser deportados  o por las llamadas  “trochas” caminos de difícil accesos y condiciones de supervivencia humana donde lo hacen de manera ilegal.

 Los conflictos que presenta  un venezolano actualmente, no solo son  físicos, como aguantar hambre, frio, dormir en el piso y huir de la policía, sino también emocionales entre ellos enfrentar  una de las decisiones más difíciles dejar a sus seres queridos del otro lado.

Cindy Rodríguez venezolana radicada en Barranquilla, quien trabaja como empleada doméstica a pesar de tener una profesión en el barrio Nogales, entre lágrimas relata la decisión de dejar a su hija de un año y medio con su madre para ella poder trabajar y mantenerla “Es muy difícil, ver a tu niña llorar y aun sin que entienda que  te abrace como si fuera la última vez que te ve; yo sé que ella en unos años va a comprender que lo hice por su bien… para que no se me muriera de hambre, tuve que dejar mi tierra para buscar trabajo en lo que fuera”

Otra de las cientos de historias que viven día a día los venezolanos, la evidencia la joven Catalina Martínez  oriunda de Maracaibo que trabaja como manicurista en una peluquería del barrio Villa Carolina, quien a los 18 años de edad los planes de vida le cambiaron, sus sueños de convertirse en una gran abogada se vieron truncados por la complicada situación que enfrenta su país “me toco separarme por primera vez de mi mamá, llegar a un país extraño, trabajar en algo que no sabía hacer, para ayudar a mi mamá, para que ella y mis hermanos pudieran comer” asegura Catalina quien agradece a los colombianos por su solidaridad.
La otra cara de esta difícil situación es emprender la vida en un nuevo país la familia completa, aunque  esto signifique que los menores de edad sean sometidos a  condiciones de vulnerabilidad, existen familias como los Fernández conformada por la cabeza de familia Felipe quien es artesano, su esposa Liliana profesora de preescolar y sus dos hijos uno de 5 años “Carlitos” y  otro de 8 años camilo.

Felipe y Liliana trabajan en la calle 72 de la ciudad de barranquilla como artesanos demostrando su talento y buscando la supervivencia de su familia; Felipe afirmó que “Fue duro ver a nuestros niños aguantar frio, hambre y el maltrato de ciertos guardias en la frontera, pero para nosotros es importante permanecer unidos y que ellos estén bajo nuestros cuidados”.
Como estas caras de la tragedia  son aproximadamente 550.000 de  venezolanos radicadas en Colombia de manera legal o ilegal según el servicio de Migraciones de Colombia, que se enfrentan a la difícil decisión de permanecer unidos a sus familias o separarse.

Se espera que Colombia logre brindar todo el apoyo necesario al país fronterizo, que con solidaridad ayude a familias como la de Cindy, Catalina  o los Fernández a encontrar un mejor futuro, y que logre el bienestar de los migrantes y colombianos.