10 nuevos robos en la zona.
Vecinos
sacaron a la policía del barrio y ahora se quejan por inseguridad
La estación de policía del sector fue
desalojada a petición de la comunidad.
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Estación de Policía.
Foto por: Laurenn Lafaurie. |
Laurenn Lafaurie.
Taller de redacción.
Barranquilla. La estación de policía que operaba
en el barrio Las Colinas, en la carrera 36 con calle 87 en el noroccidente de
la ciudad, fue desocupada hace 15 días y como consecuencia aumentó el índice de
robo en un 70porciento.
La estación funcionaba las
24 horas y contaba con una formación de 200 policías. Hace dos semanas esta fue
trasladada a la ciudadela en la carrera 6 sur con 46b, por motivo de una lista
firmada por residentes del conjunto Colina Campestre etapa 1.
Según las declaraciones de
un oficial quien pidió no revelar su identidad, el desalojo habría sido a causa
de muchas quejas por parte de propietarios del conjunto ya que el tráfico de
motos de los policías obstaculizaba el parqueadero.
“Tuvimos que irnos porque la
infraestructura se encontraba en muy malas condiciones, además, ese lugar no
nos pertenecía si no que, nos ubicamos sin autorización en lo que sería la casa
modelo del conjunto”. Añadió el uniformado.
No obstante, el miedo por un
posible atentado contra la estación también habría sido otro motivo por el cual
la comunidad decidió sacar a la policía del barrio, según dijo Alex del Valle, residente del conjunto Colina Real
que colabora con la red de apoyo con la estación central de la Policía de
Barranquilla.
En su labor, reporta
cualquier caso que se presente en el sector. Del Valle informó que desde la
partida del cuadrante la inseguridad se incrementó en un 70porciento,
asegurando que hay un robo casi todos los días. Más exactamente, 10 robos durante
los 15 días de ya no estar la estación en el barrio.
Bray Caballero, es una
residente del conjunto Colina Real que fue víctima de un atraco en la esquina
del conjunto Colina Campestre 2. Ella narra que alrededor de las 6 de la tarde
de un martes, ella Salió estrenando un bolso a recoger a su hija, cuando de
repente, al llegar a la esquina del conjunto le salió un joven de acento
venezolano gritándole que se quedara quieta y le entregara el bolso.
“Los nervios se apoderaron
de mí y yo le decía que no le iba a dar
el bolso. Me lancé a mitad de la calle a pedirle ayuda a un taxi que iba
pasando pero no me quiso ayudar. Así que saqué la billetera y le entregué al
chico los únicos 34.000 pesos que tenía y este salió corriendo”. Narró la
víctima, añadiendo que no pudieron ayudarla porque ya era muy tarde y no
lograron encontrar al joven.
Esta situación mantiene
preocupada a la comunidad, “imagínate, esto está más caliente, ahora todos los
días atracan, antes por lo menos ellos estaban ahí pendiente y la cuestión era
menos.” Expresó Carlos Mercado, taxista y residente del sector.