Hace ocho años un joven pivijayero decidió
renunciar a todo lo que tenía, como dice el evangelio, para dedicarse a una vida de religiosidad de
servicio a Dios y a la iglesia.

El
joven seminarista Luis De La Valle quien
se muestra como un persona tranquila, pulcra y que está consagrada a su
vocación dice ‘El sacerdocio no es una carrera, es un estilo de vida’.
Cuenta lo difícil que fue su proceso en la etapa donde tuvo que
separarse del lado de su familia ‘Estar si ellos es difícil pero estar con Dios
me ayuda a no sentir el vacío de estar sin ellos’ Se nota la tristeza de el en
sus ojos al decir esto, Es un gran paso que los jóvenes dan al tomar una
decisión como esta ya que lo primero que les preguntan es si de verdad están
dispuesto a renunciar a placeres de la vida como, el lujo, tener un status
social, tener una pareja y formar una familia, él sabe que estas cosas son
esenciales en la vida del hombre pero o hay nada más gratificante
espiritualmente que servir a quien nos ha dado todo.
Comento ´la gratitud de las personas es el único pago a nuestra labor
cristiana y social´, Se sabe bien que esto visto desde un punto de vista
socio-económico se vería como un trabajo
mal pago o peor aún no remunerado, pero para ellos el mejor pago es esto, la gratitud
y aceptación de sus comunidades a diferencias de los demás jóvenes que a la
edad del solo están enfocados en otras actividades totalmente alejadas de Dios
como lo son mujeres, alcohol y sexo. Los seminarista a diferencia de ellos han
decidido toma el camino de una vida pulcra, rica espiritualmente a pesar de
estar estar en una sociedad de consumo que solo lleva a estar inmiscuidos a
cosas vanas.

De la Valle y sus compañeros de estudio comentan
como la vida en el seminario es totalmente diferente a la que ellos vivían
antes, en este lugar aprender a ser verdaderos discípulos de Cristo, por lo
tanto deben abstenerse de llevar la vida como cualquier joven quisiera
hacerlos; mientras que sus amigos de colegio le cuentan las aventuras
intrépidas que tienen , las fiestas, los paseos, los viajes, las amigas; él
está en actitud de oración, visitando a los enfermos haciendo obras de caridad
asegura el joven De La Valle. Sin embargo a ellos se les permiten momentos de esparcimiento
en los cuales pueden ir a los centros comerciales disfrutar de un delicioso
helado, entrar a ver alguna película, asistir y practicar deportes como el
futbol, incluso hay unos jóvenes muy
talentosos como Carlos Parra que ha aprovechado muy bien este tiempo y aprendió
a tocar acordeón.
Los jóvenes del seminario al ser los que alegran con sus cantos las
misas de 9 am los domingos en la iglesia, se le dan clases de canto e incluso se les contrata un entrenador vocal,
para que todo así sea armonioso y como ellos mismos dicen ¨parezca cantado por los mismos ángeles de la
corte celestial.
Anny Vega Zuleta Andrea Collantes
Excelente artículo , muy bien hecho.
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